Morir a balazos.

Columna Por César Langarica Santana. Así decidió morir , luego de azotar con el miedo a corredores de la zona de la rivera del río Pitillal hoy fue visto y señalado por una de sus víctimas, así llegaron los policías, ahí mismo fueron recibidos a balazos, en el lugar quedaron sus cuerpos lesionados, momentos después fueron trasladados después de cumplir con su deber enfrentaron a la avaricia del hospital San Javier quién se negaba a recibirlos sin garantía de pago, tuvo que salir al quite Jorge Valencia por sus elementos para dar la cara y exigir que fueran atendidos. Por eso aún cuando ante el impresionante operativo montado para dar con el malandrín no fue poca cosa, así apenas comenzaban a levantar los peritajes en la zona se desató una balacera, en dicha zona rendía frutos el operativo, se localizó al delincuente, no tuvo escapatoria, el área había sido cercada y sólo le quedaba entregarse o morir, eligió lo segundo. Para ese momento no contaba con la sorpresa, así que al no rendirse fue abatido con una serie de ráfagas que lo dejaron ahí mismo en su escondite, sin darle tregua, hasta que se cercioraron de que no tenía vida. No fue cosa menor, los que anduvimos en la zona pudimos ver que la vegetación era espesa, la zona difícil y resbaladiza, la zona menos complicada era el río, así es, donde se han visto y atrapado varios cocodrilos, ahí era donde menos riesgo se corría, lo único era esperar no correr la misma suerte que sus compañeros y por eso el trabajo coordinado era esencial, destacar a la operadora del radio policial, impuso orden, evitó el caos, dio confianza a los elementos, pero sobre todo salvó vidas, sólo con decir lo necesario en el momento justo. Queda claro que no es suficiente para abatir a la delincuencia, pero con este suceso los malandrines saben que enfrentan a una policía decidida, que no le tiembla mano a la hora de enfrentar a los malos y que se pueden coordinar para los operativos que sean necesarios."