El vuelo de la primera guacamaya nacida en el Jardín Botánico de Vallarta

A finales del mes pasado, mientras me encontraba sentado en el balcón del Centro de Visitantes del Jardín Botánico en compañía de uno de los miembros del consejo Ralph Osborne, unos estridentes y escandalosos parloteos atrajeron nuestra atención hacia un colorido gran loro cuya salvaje y engañosa trayectoria se dirigía hacia nosotros. Afortunadamente, algunas bien sincronizadas, vigorosas pero torpes plumas estabilizadoras de las alas le permitieron virar casi sin fallos. Continuó con esa espantosa y tambaleante manera de vuelo en un amplio arco antes de aterrizar en un pino gigante cercano a la colina más alta del Jardín Botánico, todo el tiempo acompañado por un par de aves similares, pero más elegantes en su vuelo. Entonces perdí de vista a esta traviesa alada mientras rápidamente se retiraba a la seguridad de su hogar, indudablemente para recuperarse del que fue el momento más emocionante de su joven vida.

Ralph y yo nos tomamos un momento para recuperarnos del impacto que nos provocó ser los afortunados testigos de lo que era obviamente el primer vuelo de un polluelo de guacamaya nacido hace apenas unos meses atrás en el Jardín Botánico de Vallarta. La guacamaya verde (Ara militaris) es por mucho la especie de loro más grande de nuestra región y cuya longitud llega aproximadamente a los 85 cms y más de un metro de envergadura. Desafortunadamente, esta especie también ha sido victima de una agresiva caza furtiva y trafico ilegal. Entre esto y la pérdida de su hábitat (viejos troncos huecos de pino) su número ha disminuido y se ha convertido en una especie rara de ver en los cielos que algún día domino en numerosas parvadas.

En el año 2012 una insensata cacería furtiva inspiro el comienzo de un refugio base aquí en la región de Puerto Vallarta y así lograr que la especie iniciara su repunte, así nació El Santuario de Las Guacamayas. Este proyecto, dirigido por Francisco Espino Ibarra y Jorge Novoa, del Ejido de Las Juntas y Los Veranos, ahora cuenta con más de 15 nidos artificiales distribuidos en toda la extensión de su bosque de pinos y los visitantes pueden llegar a observar a más de 20 guacamayas en vuelo durante su recorrido por el santuario.

El Jardín Botánico, que ayudo a Jorge y Francisco a consolidar su proyecto, ahora cuenta con cuatro cajas de anidación, dos de los cuales ya están ocupados y al parecer han logrado exitosamente servir como sitio de anidación para la crianza de una nueva generación de individuos. La proliferación de este proyecto prueba que el ser humano, que alguna vez redujo la población al límite, ahora ha contribuido para su resurgimiento y desarrollo una vez más.

A los amantes de las aves, y en especial a aquellos con habilidades en la fotografía de naturaleza, se les alienta a ayudarnos a capturar alguno de estos primeros vuelos en foto o video. Esto podría significar esperar durante horas para sólo un momento de satisfacción... ¡Pero ser testigo de semejante acontecimiento, bien vale la pena la espera! Observar estos milagros de la naturaleza con tus propios ojos ayudarán a mantener la vida en su adecuada perspectiva.

 

Por: Bob Price.