Morir bajo tierra.

Morir bajo tierra. 15/05/2018 Columna por César Langarica Santana. Después de una larga jornada bajo el sol y a punto de recoger las cosas para ir a su casa un alud de tierra sepultó a dos jóvenes, uno apenas dejó una parte de su cuerpo para poder jalar un poco de aire y podía sentir como pasaba a sus pulmones aire con tierra, su esperanza de sobrevivir eran muy pocas la angustia comenzó a carcomer por dentro, escuchaba los gritos de angustia de auxilio de su amigo compañero, conforme pasaron los minutos comenzó a dejar de escucharlo y solo quedaba esperar que su suerte no fuera la misma. Pronto llegaron a tratar de salvarlo, las esperanzas eran muy pocas, eran toneladas sobre él, al tratar de ayudarlo corrían el riesgo de quedar igual que él, así inicio la tarea de sacarlo con vida, de repente parecía que estaban a punto de lograrlo y la suerte jugaba con ellos, la tierra volvía a cubrirlo una y otra vez, eran pesadas piedras, escombro y desesperación, por más que los elementos de bomberos ponían en práctica toda su experiencia sabían que no sería fácil y que sacarlo llevaría tiempo y no sabían si podría soportarlo. Así cuando después de seis horas parecía casi libre solo faltaba un pie y al no sentir dolor no sabían si tenía alguna lesión que al liberar se incrementara, había ya subministrado suero y oxígeno para mantenerlo con vida, su amigo apenas a un costado seguro no tenía la misma suerte. Así con grúa y después de apuntalar con tanta madera que sería capaz de cimentar una casa salió y se escuchó la respiración contenida cuando veían la camilla subir por la escalera, así terminó su rescate al ser llevado a un hospital privado, de inmediato comenzaron a buscar a su compañero, y horas después apenas cerca de las cinco de la mañana lo encontraron, esta recostado, una pala en su mano, una larga agonía y la tragedia contrastaba, apenas unas horas antes lograron salvar una vida y la impotencia en sus caras era obvia, habían perdido la batalla contra la muerte, así viven los bomberos y sus diferentes equipos de rescatistas y paramédicos, todos los días luchan por salvar vidas, en ocasiones salvan unas, otras sufren ese amargo sabor al que no se acostumbran.