Voladores de Papantla, una tradición mexicana que encuentras en el malecón de Puerto Vallarta

Ubicados sobre el malecón de Puerto Vallarta, uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad se encuentran los Voladores de Papantla, un espectáculo que es una parada obligada que debes de realizar si es que quieres conocer un poco más sobre la cultura mexicana. Por fortuna todos los días se realiza este espectáculo colorido y peligroso a la vez que a más de una persona ha logrado impactar. Es importante mencionar que detrás de este evento hay siglos de tradición, hay Dioses, sepa más de este ritual prehispánico, el más antiguo de México. Después de realizar algunas danzas rituales para propiciar el vuelo, en solemne procesión los cinco danzantes ascienden por el palo, apoyando pies y manos en los angostos pliegues de la cuerda con que se le ha vestido. En el ambiente se respira un aire de respeto y de temor, quizás ante el peligro, quizás ante el rito. Sus llamativos trajes, un intrincado y hermoso juego de símbolos, también imponen respeto. El rojo representa el calor del sol; los semicírculos en el pecho y la espalda, las plumas que antiguamente cubrían a los hombres-pájaro; flores y plantas bordadas rinden culto a la primavera; los espejos, a los rayos del sol; los listones, a los siete colores del arcoíris. Conforme ascienden se acercan, paso a paso, a Chi-chini, el Dios Sol. Al alcanzar la punta del palo, cada volador se coloca en uno de los cuatro lados, representando los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos. La flauta y el tamborcillo comienzan a sonar: es el caporal, representación del Sol sobre la Tierra, quien parado sobre la manzana zapatea y realiza difíciles y arriesgados giros hacia las cuatro direcciones, siguiendo la rotación de la Tierra. El palo se convierte entonces en el centro místico en el que entran en contacto el caporal y Chi'chini justo cuando los brincos y saltos de aquel se hacen más violentos y arriesgados. Casi sin darnos cuenta, los otros cuatro hombres se han aventado al vacío -de cabeza, amarrados de los pies-, teniendo como fondo las notas del Son del vuelo. Hombres-pájaro, sus brazos extendidos son ahora alas que los transportan por los aires. Un ritual prehispánico que se conserva en la actualidad Durante el vuelo ellos se han convertido en aves que, en honor del dios Sol y de Tlaloc, dios de la lluvia, giran y giran y giran, descendiendo hacia la tierra hasta alcanzar la cifra mágica de trece vueltas cada uno, cincuenta y dos entre todos, como las semanas que tiene un año, como los años que conforman un siglo prehispánico, a cuyo término se inicia nuevamente el ciclo de la vida. Suavemente, los voladores se enderezan y posan sus pies de nuevo sobre la tierra. Después, por una cuerda firmemente sostenida por uno de sus compañeros, el caporal desciende: su cuerpo pareciera flotar, detenido su peso por la sola fuerza de brazos y abdomen, en un acto que demanda, además de disciplina, una gran preparación física. Los voladores son nuevamente hombres. Por Cesar Langarica Santana "